24 de Marzo – Reflexión de Cuaresma

24 de marzo

Juan 5: 1-16

¿Quieres estar bien? (Juan 5: 6)

En la Biblia, vemos personas que sufren de todo tipo de dolencias y enfermedades y están buscando a Jesús para sanar. ¿Pero dónde le está pidiendo la gente a Jesús que los sane de sus pecados? Sí, nuestros problemas físicos pueden ser importantes, pero Jesús está igualmente preocupado por nuestras enfermedades espirituales: nuestros apegos al pecado y nuestra aversión de sus caminos.

El Evangelio de hoy nos muestra a varias personas que necesitan comenzar por el camino de la curación espiritual. Primero, está el hombre que ha estado enfermo durante treinta y ocho años. Cuando Jesús le pregunta si quiere estar bien, no responde directamente y, en cambio, se queja de su situación. Después de sanarlo, Jesús le dice que ya no peque, «para que no te pase nada peor» (Juan 5:14).

Estas breves interacciones nos dan pistas de que este hombre probablemente tuvo más problemas que solo los físicos. Tal vez incluso era no quería ser sanado, por increíble que parezca. Estaba acostumbrado a vivir con su enfermedad, y estar bien significaba entrar en un nuevo tipo de vida. Por un lado, se esperaría que trabajara ahora. El cambio le daba miedo.

Las autoridades religiosas en la historia también necesitan un poco de curación espiritual. Cuando ven al hombre curado, están llenos de celos y están más preocupados por mantener las reglas del sábado que por reconocer un milagro. Sospechando que su autoridad y tradiciones están siendo amenazadas, ellos también parecen temer el cambio.

Ahora, Jesús puede elegir sanar nuestros cuerpos milagrosamente, o tal vez no. Pero definitivamente sí que quiere sanar nuestras almas, y necesita nuestra cooperación continua para hacerlo. Él entiende que podemos estar muy cómodos con nuestros pecados y se nos hacen difíciles de abandonar. Pero Él promete una alegría aún mayor cuando los dejamos de lado, tomamos nuestro tapete y lo seguimos.

Es posible que el paralítico del Evangelio no haya estado preparado para que Jesús lo sane, y tú tampoco tienes que estarlo. Pero cuando se te presente una oportunidad de cambio, no trates de ignorarlo como lo hizo ese hombre. No tengas miedo de ofrecerle tu equipaje desordenado y aceptar su generosa oferta de gracia. Jesús se quedará contigo; Él te ayudará a aceptar el cambio que te está ofreciendo.

«Jesús, ayúdame a estar abierto a la curación que quieres hacer en mi vida».
Ezequiel 47: 1-9, 12 Salmo 46: 2-3, 5-6, 8-9
cuaresma-13 marzo

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