18 de Marzo – Reflexión de Cuaresma

18 de marzo

Mateo 5, 17-19

No he venido para abolir sino para cumplir. (Mateo 5, 17)

Entonces, ¿cómo cumple Jesús la Ley del Antiguo Testamento? La primera lectura de hoy nos da una pista. Moisés les recuerda a los israelitas que a pesar de que la Ley los bendice con la sabiduría de Dios, lo que realmente los distingue es cuán cerca está Dios de ellos: «¿Qué gran nación hay allí que tiene dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios?» (Deuteronomio 4, 7). Esa cercanía es la clave. Sí, Dios quiere que su pueblo conozca sus pensamientos; pero aún más, quiere que conozcan su corazón.

En Jesús, Dios se ha acercado aún más a nosotros. Al mostrarnos de cerca cómo se ve Dios amoroso y en nuestro prójimo, Jesús revela el corazón de la Ley y la cumple perfectamente. Aquí hay algunos ejemplos:

• Santifica el sábado. Jesús hace esto, no evitando escrupulosamente el trabajo, sino orando y alcanzando a los necesitados con la compasión curativa de Dios. Incluso invita a los líderes de las sinagogas a reflexionar sobre el verdadero significado de este mandamiento: «¿Es lícito hacer el bien en el día de reposo en lugar de hacer el mal, para salvar la vida en lugar de destruirla?» (Lucas 6, 9).

• No dar falso testimonio. Por supuesto, Jesús nunca infringe esa ley, pero va más allá de no mentir sobre otra persona. Se da cuenta y alaba el núcleo de justicia que ve en ellos. La primera vez que conoce a Natanael, por ejemplo, declara: «Aquí hay un verdadero israelita. No hay duplicidad en él» (Juan 1:47). ¡No es de extrañar que Natanael se convierta en discípulo!

• No mates. Especialmente durante su pasión, vemos a Jesús cumpliendo esta ley. No solo no ataca a los que lo abusan, sino que los perdona (Lucas 23:34). No discute ni se defiende de las acusaciones, pero se mantiene en silencio. Él entrega su vida en amor incluso para aquellos que lo condenan.

Jesús nos muestra que el corazón de la Ley es amar a Dios y a nuestro prójimo. Nos muestra que la obediencia va más allá de una cuestión de «no debes». Se acerca a cada uno de nosotros para mostrarnos cómo se ve. Así fue como llegó a cumplir la Ley.

«Jesús, gracias por enseñarme pacientemente a amar».
Deuteronomio 4: 1, 5-9 Salmo 147: 12-13, 15-16, 19-20
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