5 de Marzo – Reflexión de Cuaresma

Salmo 138: 1-3, 7-8

Cuando llamé, me respondiste; me llenaste de fuerza. (Salmo 138: 3)

¿Qué sucede cuando clamamos a Dios? Bueno, sabemos que Dios escucha atentamente nuestras súplicas. «Has oído las palabras de mi boca», proclama el salmista (138: 1).

A veces Dios responde con una dramática intervención. Un amigo con cáncer inoperable se recupera. Un niño descarriado se encuentra con Cristo en una prisión y cambia de vida. Una canasta de comida aparece en la puerta cuando el armario está vacío.

Pero otras veces, Dios responde dándonos poder para ser agentes del cambio por el que estamos orando. Esta fue la experiencia de la reina Esther. El rey Asuero había autorizado la ejecución de cada judío en su tierra. Esther sabía que estaba en una posición única para defender a su gente, pero también sabía cuán escasas eran sus posibilidades. El rey podría haberla matado simplemente por acercarse a él sin querer.

Esther fue justificada «asediada por una angustia mortal» ante el pensamiento (Esther C: 12), pero creía que Dios era completamente confiable. Y entonces rezó por coraje para hacer esta cosa atrevida. Después de días de ayuno y oración, Ester sintió la gracia de Dios ayudándola a dominar su miedo. Y Dios hizo su parte al ablandar el corazón del rey. Al final, la intervención de Esther logró un respiro para su gente.

¿Hay algún problema que quiera resolver y se lo está pidiendo a Dios? Tenga en cuenta que puede estar pidiéndole que dé un paso para mejorar las cosas. Digamos que el ambiente en su oficina o parroquia está estropeado por los chismes. ¿Hay un pequeño paso que podría dar, como cambiar el tema o hacer un comentario positivo? Pídale al Señor que le fortalezca como lo hizo con Ester. ¿Quién sabe? Puede encontrar un nuevo entusiasmo o el deseo de involucrarse. Incluso puede llegar a los primeros pasos de un plan y el coraje para llevarlos a cabo.

Por supuesto, a Dios le agrada cuando acudimos a Él con nuestras preocupaciones, grandes y pequeñas. Pero Él está aún más encantado cuando nos preguntarnos cómo podemos ser parte de la solución. ¡Así que no tenga miedo de preguntar! Él ha prometido no solo escucharle, sino también construir una fortaleza dentro de usted para hacer lo que hay que hacer.

«Señor, siempre escuchas mi oración. Ayúdame a aprovechar tu fuerza para cosechar mejor las cosas».
► Esther C: I2, 14-16, 23-25 ​​Mateo 7: 7-12

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