La Mansión Stickney

En el pequeño pueblo de Bull Valley, en el condado de McHenry, se encuentra la  mansión Stickney, única en su clase. Describirla en una oración sería un desafío, pero un hombre que pasó varios años contemplando la mansión desde su propia casa, al otro lado de la calle, una vez enfrentó ese desafío con esta breve descripción: «Te da la sensación de que está viva».

La casa de campo, tipo inglesa de dos pisos es extraña en el pueblo: tiene ventanas arqueadas, pórticos de madera y un exterior de ladrillo rojizo. Pero la característica más inusual de la casa es algo menos obvia.

La mansión fue construida en la década de 1840 según las especificaciones excéntricas de George y Sylvia Stickney. La pareja insistió en que su hogar no debería tener ángulos rectos. Los Stickney tenían sus razones para insistir en la peculiaridad arquitectónica: eran ávidos espiritistas que creían, como muchos en ese momento, que los espíritus podían quedar atrapados en las esquinas cuadradas. Tenían planificada una sesión de espiritismo dentro de su mansión, y definitivamente no querían que fuera una trampa para fantasmas. Como resultado, la extraña casa fue construida con curiosos ángulos y bordes redondeados.

La mansión, pronto se convirtió en un lugar de reunión popular para aquellos que buscaban comunicarse con los muertos. Los Stickney celebraron sesiones de espiritismo regularmente en el enorme salón de baile del segundo piso, y Sylvia Stickney logró una reputación como médium dotada de mucho talento. Sin embargo, los espíritus no fueron los únicos visitantes. La pareja era famosa por su hospitalidad hacia los vivos. Los Stickney abrieron su hogar como casa de huéspedes para los soldados de la Guerra Civil, y los divirtieron con la música del primer piano del condado.

Los Stickney habían creado el ambiente perfecto para su estilo de vida, pero se había cometido un error. En la casa que estaba destinada a no tener esquinas cuadradas, había un solo ángulo de 90 grados. El arquitecto y los constructores probablemente lo consideraron no más que un descuido menor, pero resultó fatal. Porque fue en esa habitación, con una esquina, donde George Stickney fue encontrado muerto un día. No hubo causa aparente.

En la década de 1960, un grupo de hippies se instaló en la mansión Stickney. Pintaron las habitaciones con colores fúnebres oscuros, construyeron fuegos abiertos justo en el medio de los pisos y pintaron con lemas e imágenes ofensivas con spray en las paredes. De esta forma continuaron, dejando atrás una variedad de parafernalia de drogas, evidencia de rituales satánicos y algunos espíritus recién despertados.

Un hombre llamado Rodrick Smith vivió en la Mansión Stickney durante una parte de la década de 1970. Cuando se fue, afirmó que los fantasmas habían hecho que el lugar fuera inhabitable. Los perros de Smith ladraron constantemente sin razón aparente, y se escucharon voces extrañas y susurrantes en todas las habitaciones.

Los que la habitaron posteriormente, vivieron la proliferación de los cuentos fantasmales, tanto si los habían visto o no. Un corredor de bienes raíces contrató un fotógrafo, para una foto publicitaria, pero en ella se podían ver dos imágenes en los tesoros arqueados de la mansión: la foto mostraba a una mujer con velo y un vestido de novia, además de un mayordomo que retira las cortinas con manos enguantadas de blanco. El fotógrafo sostenía firmemente que la mansión estaba vacía en el momento en que se tomó la fotografía.

Otras historias hablan de una forma sombría que acechaba en el salón de baile. Lo más generalizado de todo fue la sensación incómoda que tenían los visitantes de ser vigilados constantemente, sin importar en qué parte de mansión se encontraran. «Todo el terreno de la propiedad Stickney está electrificada con este sentimiento», escribió Dylan Clearfield, en su libro Chicagoland Ghosts de 1997.

La Mansión Stickney ahora es propiedad del ayuntamiento de Bull Valley, y sirve como la sede de la policía local. Los funcionarios del municipio se burlan de la idea de que el lugar está, o alguna vez estuvo, embrujado, diciendo que tales rumores se extendieron cuando la casa estaba vacía y frecuentemente atacada por vándalos.

Aún así, hay quienes, como el vecino de enfrente, sostienen que el edificio está vivo con energía espiritual. Si tan solo George y Sylvia Stickney estuvieran aquí para contarnos lo que en verdad pasó.

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