Un Fantasma Burlón


Chicago tiene una larga tradición en cuentos fantasmales. En sus pocas iglesias siempre hay algún espectro que quiere pasarse otra vez a este lado. El mundo de más allá tratando de morir en una gigante ciudad.

En el cementerio Lituano de San Casimiro, al sur oeste de Chicago, está uno de esos fantasmas; todos lo niegan, excepto aquellos que han sufrido sus burlas y que han tenido la «buena suerte» de encontrarse con él. El fantasma es todo un vagabundo, su roas desgastadas y su estructura corporal delgada y desgarbado. Asusta a los conductores, y mas de uno de ellos han reportado que estuvieron a punto de sufrir un grave accidente, por el aparecimiento de tan siniestro personaje.
Su sombría cara, que recuerda esas películas de terror de los años cuarenta, pálido y visiblemente perturbado fija su mirada en su víctima,ocasionando los más diversos sustos y traumas en su desafortunado vidente. Ha

Hay un relato más o menos famoso al respecto, de esos que solo cuentan entre «locos» creyentes de estas «babosadas». En julio de 1927, una niña de 12 años llamada Ona Norkus murió en un accidente automovilístico. Ona estaba con su padre, August Norkus, quien la había acompañado al Oh Henry Ballroom para una noche de baile. La salida nocturna debía ser un regalo para el próximo cumpleaños de la niña. Como sucedió, ella nunca cumpliría trece. Los Norkus tenían un complot familiar en el cementerio de San Casimiro. Dado que las huelgas de sepultureros eran comunes en la década de 1920, el cuerpo de la pequeña Ona debió ser enterrada en forma provisional en el Cementerio de la Resurrección de San Casimiro y nunca pudo ser trasladada a su lugar de descanso definitivo. La especulación de que

Los «creyentes» tratan de explicar al fantasma burlón, con el padre de la niña Ona, pero la verdad esta explicación no tiene mucho sentido. August Norkus debería estar buscando a su niña. no intimidando a los extraños, y el fantasma aparece de bastante menor edad que el August.

Los pocos grupos que cuentan esta historia están desconcertados, incluso ahora. La explicación más aceptada, es que son muchos los fantasmas que deambulan el sector. Por eso la gente mira su diversidad y los confunde. «miles, son miles» dice un veterano que gusta de pasear por allí, y que por su manera de hablar y moverse, pareciera ser un espectro más…

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