El Juicio de Paris VII

Troya – Epílogo

Paris, con el cumplimiento de la promesa de afrodita, navegó hacia Esparta, en donde luego de algunos engaños, literalmente se robó a la reina, y se la llevó con él a Troya. Los esfuerzo de Hera con las tormentas y truenos, no dieron resultado, y París, finalmente llegó a Troya. El rey Priamo y el pueblo recibió con mucho agrado a la nueva princesa Helena. No pasó mucho tiempo y la princesa tuvo tres hijos: Bunomus, Agavo y Idaeo. La felicidad duró lo que tenía que durar.

Pero la ira de Menelao, el rey griego, no era tan simple ni tan pequeña. El rey de Esparta se enfureció no solo por el robo de su esposa sino también por el método deshonesto con el que se había logrado. Paris, siendo un invitado de honor del rey y de su corte, secuestró a Helena y se la llevó. mientras que París era un invitado en su propia casa. Menelao trazó un plan y con la ayuda de Agamenón, su hermano lograron formar un gigante ejército como nunca antes se había visto. Comenzó con todos los reyes y príncipes que una vez habían sido los pretendientes de Helena, los mismos hombres que habían jurado acudir en su ayuda. Por todos los reinos y por todos los caminos se reunió a los más audaces y fuerte guerreros del mundo conocido. Entre los que estaban Odiseo, Néstor, Diómedes y otros de igual valor.

Llegaron a Aulis, una playa apartada en el estrecho de Eubea. Pronto se llenó de tantos hombres que la misma arena de la playa, ya no se la podía ver. La flota, que se extendía hasta el horizonte, era como una increíble ciudad flotante. Después de sacrificar a Zeus y Apolo, la flota partió, navegando lentamente hacia un sol que era tan cruel como las llamas de sacrificio.

Tenían una meta muy clara, y era que no regresarían hasta que Troya, la ciudad del ladrón sea totalmente destruida, sus hombres muertos y sus mujeres vendidas como esclavas. Tal cual rezaba la profecía de su madre cuando todo inició.

Prácticamente todos los hombres y mujeres que han participado en esta historia verían a la muerte. Ni una sola persona quedaría fuera del sufrimiento que tenía merecido. Y solo luego de diecisiete años Menelao y Helena se volverían a reunir. El matrimonio de Peleo pronto colapsaría. Todos sus hijos morirían, Aquiles dejará al descubierto su talón por el cual moriría. El rey Priam también vería los cadáveres de muchos de sus hijos antes de ser asesinado en el altar de su palacio. El cautiverio en Grecia esperaba a la reina Hécuba. Finalmente se transformaría en un perro, acosando a la luna en su locura y pena. Ajax, Patroclo, Agamenón, los tres hijos de París. . . y el mismo Paris. Todos morirían.

¿Y qué hay de los dioses y diosas con quienes comenzó la historia? Lo que siempre sucede. Miran desde su Olimpo a los humanos desangrarse. En un momento ayudan a uno y en otro al de lado, pero siempre distantes del sufrimiento del pueblo, que ellos dicen tener en su memoria. No, los dioses no mueren, ellos son inmortales, y, tampoco, no, ellos no sufren….

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