El Juicio de Paris II

Paris

Hécuba había tenido un sueño espeluznante, se trataba de su hijo que estaba por nacer, y en lugar de dar a luz a un niño, lo hacía a un tronco en brazas; aquel tronco había caído con fierza en el piso, y fruto de su destrozo habían salido cientos de gusanos ardientes. De un sobresalto había despertado viendo a Troya en llamas, pero por el momento, era solo una terrible pesadilla.

Paris era ese hijo que estaba en el viente de Hécula, cuyo padre era Príamo, la reina y el Rey de Troya. Príamo temeroso fue a consultar a una vidente sobre esa fea pasadilla, y ésta inició una nueva. «Troya va arder, y será por culpa del niño que está por nacer» «Debes matarlo apenas nazca y así evitarás el fuego y la destrucción de la ciudad». Príamo decidió matar al niño, pero al momento de nacer del crío, vio a un muchacho sano y rebosante, y su corazón no daba cabida para asesinarlo; y entonces se lo dio a un pastor de ovejas que se llamaba Agelaus. el pastor principal del rey no gustaba de la idea, pero obedeció y abandonó al neonato en una ladera inerte para que muriera de hambre, pero, cuando regresó al quinto día, encontró a un niño sano y alegre, porque había sido amamantado por una gran osa.

Con gran sorpresa y con el corazón destrozado, Agelaus sacó su espada para matar al niño, pero el bebé sonrió y el pastor se colmó de compasión y bondad. Envió a Príamo una lengua de perro como muestra de que lo había matado, y se llevó al niño en una maleta, y lo crió como a uno de sus propios hijos. Le puso el nombre Paris, que traducido del griego significa «maleta» o «bolso de mano».

El niño empezó a crecer sano y fuerte, y sobretodo mostraba una inteligencia superior, por ello, nadie creía que pudiera ser hijo de un simple pastor de ovejas. Y fue mientras estaba cuidando las ovejas de su padre adoptivo en las alturas del Monte Gargarus que Hermes, el mensajero de los dioses, vino a él, acompañado por Hera, Atenea y Afrodita. «¡París!» exclamó el dios mensajero mientras sus sandalias aladas lo transportaban suavemente por el aire. Vengo de Zeus, señor del Olimpo. ¿Te ha elegido a ti de todos los mortales del mundo para hacer un juicio? Metió la mano en su bolsa y sacó la manzana. Debes dárselo a una de las tres diosas que ves ante ti. Pero eres tú quien debe decidir que se la merece. Porque es para la mas bella de las tres que este premio debe ser otorgado. Paris tomó la manzana, mirando a las tres diosas que para entonces no estaban cogidas de la mano, sonriendo ni siquiera mirándose entre sí. ‘¿Cómo puedo elegir honestamente entre tres criaturas tan encantadoras?’ preguntó. «¿Por qué no puedo cortar la manzana en tres?» Miró el oro reluciente. «De esa manera podría darles a cada uno un tercio e incluso quedarme un par de pepitas para mí». «Debes hacer lo que Zeus instruye,» Hermes dijo. ‘Piensa cuidadosamente y elige «. «Muy bien,» suspiró Paris. Y se su puso a pensar. …

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