Imaginación Raída – TV Exaltada

Un pequeño muchacho salió a jugar al jardín. Todo estaba bastante tranquilo. Un árbol que silbaba melodías de soledad y el césped cantaba canto de partidas. Una escena más romántica que real. El niño, con uno de sus juguetes creaba las más bellas historias. En una de ellas un rey conquistaba unas tierras lejanas, convertía a los nativos a su reino. Su corazón de guerrero pacífico cambió la vida para bien. El niño empezó a vivir en su imaginación esa historia de amor de pueblos sin venganzas.

Pasó la mañana y llegó el momento de entrar a casa; su madre lo llamó porque se hace tarde. Un poco todavía en la fantasía y un poco en el césped, el muchacho fue para su casa. Una vez adentro no había mucho que hacer, y encendió la televisión. ¡Qué maravilla! Allí estaban dibujados, aunque de forma extraña, los mismo personajes de su imaginación. El niño se puso a pensar muy minuciosamente. Esos personajes han tenido ciertas diferencias. Ciertos detalles que no van con la trama precisa. El rey no ha sido tan bondadoso y valiente, más bien es un tipo orgulloso y que con su poder impone las normas. ¡Aquí mando yo! gritaba, es mi reino y tú no puedes mandar aquí. La Reina, sentada en un trono sin mencionar ni una palabra. Princesas vanidosas e inestables. Había una en particular esperando un príncipe, pero no para amarlo sino para que la lleve a su reino y no trabajar. «Soy una princesa y las princesas no trabajan» repetía por todos lados. Que extraño, esa princesa antes era una sirvienta que fue princesa, y todo un enmarañado sin sentido.

El niño elucubraba en su mente. La princesa es una vaga. El rey un energúmeno inflado de orgullo. La reina una mujer sin ton ni son. Los soldados tratando de conquistar a la princesa y el pueblo pidiendo pan y cantando las glorias del todopoderoso rey.

De pronto, con un grito casi espectral, la madre llamó al niño a la mesa. ¡Ven a comer! ¿Estás sordo? Éstos niños de ahora, sólo en la televisión se la pasan, repetía con algo de furia y frustración.

Estando sentado a la mesa, el niño seguía pensando en su imaginación y lo diferente que era de la televisión. Se decía a sí mismo: «yo no quiero la televisión, yo quiero el jardín» En ese momento sintió un golpe en su nuca, y escuchó «Ya deja de pensar en pendejadas y come», mientras su madre refunfuñaba que debía deshacerse de esa televisión.

Llegó la tarde, otra vez sin mucho que hacer; el verano pinta aburrimiento. ¡Maaa, quiero salir al jardín! y como respuesta recibió: ¿No ves que empezó a llover? Mejor ve la televisión. Pendejo.

El canal de niños era lo más conveniente. Justo cuando se encendió, un soldado muy, pero muy musculoso, estrangulaba a otro igual de musculoso en nombre de la paz y de la verdad. Era una película de niños, en la cual un malvado quería apoderarse del país, y el gran héroe lo evitaba. Toda esa historia de sangre, traición y muerte, fue interrumpida por un ¡Vamos a la calle! ¿O te quieres quedar viendo tu estúpida televisión?

Y así de verano en verano, aquel muchacho se convirtió en un hombre. La verdad él no sabía que hacer, aunque se sentía el más seguro de todos. Llevaba mallas en lugar de pantalones. No peleaba porque es malo, pero que bueno sería que nadie me toque porque se enterará de mi furia. Empezó a desear con locura a la princesa vaga, y él, todos los día iba al «gym» a convertirse en el feroz soldado que mata al malo.

Mientras tanto, su madre, desde un oscuro asilo pagado por el estado, se decía para sus adentros: «esta juventud, cada vez peor, mira como abandonan a sus padres»

Anuncios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.