¡Carajo!

Antes de iniciar, quiero aclarar que el relato siguiente es verdadero, así me lo aseguró la persona que me lo contó; sostiene que fue a ella a quien le sucedió. Es decir, es basada en hechos reales.

Esas mañanas no son comunes en ningún lado. Un poco de frío pero con la amenaza del calor del mediodía. Estaba allí, sentada, mirando el poco horizonte que se podía ver a través de los grandes edificios. Un gato se apegó buscando caricias, un mendigo miró por unas monedas. Un mundo entero buscando algo para sí mismo. Ella solo quería ver el horizonte en el horizonte.

Llegó el autobús y subió a él. Extrañamente, la puerta hizo escuchar un rechinar, como un crujir, que se salía de lo normal. Éstos autobuses son nuevos, ¿Cómo les puede faltar aceite en una puerta? Extraño por demás, pero ella no lo tomó en cuenta, salvo por un pequeño pensamiento de duda.

La ciudad estaba igual; edificios con gente que entra y sale. Un recorrido de autobús de locura y falsas expectativas. Las casa, las puertas, los autos empezaron a ir más rápido, y el autobús se frenó, pero en su disminución de velocidad se sentía como que se elevaba. Ella, se dijo que ya inició otra vez su locura, y no lo podía aceptar. Intentó despertar, pero no lo logró. En un instante sin sueño pero con gloria, los edificios se alejaban hacia abajo, y su corazón iba hacia arriba.

Miraba otras calles, otras avenidas llenas de autos, diferentes, pero autos. Volaban, iban de un lado para otro sin tocar piso alguno. Movimientos que solo hacía falta quitarlos para frenarlos. Nadie miraba a nadie, y solo el autobús empezó a descender hasta estacionarse en un luminoso espacio. Subió un guarda, pidió los boletos, nadie los tenía; ella mostró su pase del mes, que no servía. Fue cordialmente invitada a abandonar el camión. Pero ¿Cómo? ¿A donde voy a ir? ¿Donde estoy?. No era el asunto de ellos, era asunto de ella.

Sí, era asunto de ella, y decidió mandarlos al carajo. Enloqueció en sus frases. ¡Carajo! ¡Carajo! ¡Váyanse al carajo!

Amiga, amiga, no patee al gato…..

-¿Qué pasa? ¿Y el autobús? ¿Donde estoy?

-Aquí señorita, aquí en la calle, en la parada del autobús. ¿Se siente bien? ¿Tiene una moneda?

-Estoy bien, estoy bien no pasa nada….

Nunca más fue la misma, sino cada vez que podía… mandar al carajo a alguien….

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