La Obra Maestra

El primer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo hombre fue del cielo.’ Cual es el terreno, tales son los terrenos; cual es el celestial, tales son los celestiales.’ Y como llevamos la imagen del terreno, llevaremos también la imagen del celestial
1 Corintios 15, 47-49

El sacerdote Jim Willig, expone un muy ilustrativo ejemplo sobre lo que verdaderamente somos.

Se refiere a la famosa obra de arte, la estatua de David, creada por Miguel Angel Buonarotti; miremos.

Ésta estatua, nos dice, cuando fue proyectada, no era Miguel Angel quien la iba a realizar, sino que fue contratado un escultor famoso de la época, cuyo nombre tambien ha llegado a nuestros días. Se trata de Agostino di Duccio. El artisita fue a la cantera a revisar el marmol en el que debía realizar la obra, pero encontró a la roca con  una grieta en la línea de falla. Su reacción fue inmediata y abandonó el proyecto. Para él era imposible crear una obra como la que le pedían, con una roca con daños, y precisamente en la zona más sensible de la  pieza.

Entonces, contrataron a otro escultor, esta vez se trataba de Antonio Rosselino. Como la mecánica del proceso, era primero revisar la roca, así lo hizo, pero él también encontró la grieta. Es imposible, dijo, no puedo hacerlo.

A partir de ese momento empezó una ardua búsqueda de un escultor dispuesto a crear un David sobre esa roca de mármol. Cuarenta años después, contrataron al joven Miguel Angel, con 26 años de edad, y luego de la revisión de la roca, se mostró satisfecho por tan buen material que le daban para poder crear una obra maravillosa.

Miguel Angel no tenía herramientas de gran precisión, tenía un martillo y un cincel, y claro, una gran determinación junto a una imaginación pródiga en posibilidades.

Donde los demás vieron lo imposible, Miguel Angel vio lo posible. Y se puso a trabajar.

El padre Willig crea la analogía de la piedra con nosotros los humanos y nuestras imperfecciones, y que Dios con su poder sana nuestras imperfecciones y crea una nueva creatura. Es una muy buena enseñanza.

Pero también se ve en la historia otras enseñanzas. A nuestro alrededor están una infinidad de oportundades, pero siempre estamos esperando que sea perfecta, cuando en la oportunidad que esperábamos, se encuentra una pequeña grieta, entonces sufrimos y nos quejamos y abandonamos el proyecto. Pero no crean que esa oportunidad se pierde, sino que simplemente otro la aprovechará. Como diría el físico francés Jean Pierre Malet, si tu pensaste en esa oportunidad ya le diste un potencial; esa oportunidad está allí, y si tu no la aprovechas, otro lo hará.

También es interesante, cuando llega alguien en busca de un consejo o de una oportunidad. A veces estamos, desde nuestra posicion,  esperando que llegue alguien así, pero le encontramos la grieta. E incluso, en algunas ocasiones, esa grieta es de lo más insignificante. Es blanco, es azul, es bajito. Pero mira, te dicen, tiene esas facultades que harán que el proyecto progrese, pero tú dices, no, está con los pantalones azules y a  mi me gustan negros.

El Hombre Eterno

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Un comentario sobre “La Obra Maestra

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