La puerta cerrada. Un milagro inesperado

En una hermosa mañana de sol, salió María tomar una rosa de su jardín, pero sin darse cuenta, la puerta de su casa se cerró con llave accidentalmente. María se asustó mucho, y debió notarse en su rostro, porque en ese momento llegaba el un cartero y le preguntó: Que sucede señora Molina, se ve usted muy preocupada.

María se sorprendió con la presencia de aquel hombre, pero lo nerviosa que estaba le respondió: es que se me acaba de cerrar la puerta con llave y no se como entrar. Mi esposo está de viaje y no regresará hasta el lunes. Mi vecino que siempre tiene una copia también viajó al extranjero. La verdad no se que hacer.

-Y que le parece llamar a un cerrajero. Muy cerca de aquí hay muy buenos, replicó el cartero.

-No lo se, cobran mucho y estoy muy limitada de dinero en este momento. Con un suspiro que le salió del alma dijo: «No sé que hacer»

El cartero, aunque quería ayudar no podía hacerlo, y solo le entregó la correspondencia, diciéndole, que quizás, allí hubiera algo para solucionar el problema.

María abrió el sobre, y para su gran sorpresa allí había una copia de la llave. En el texto, su hermano le decía, que la semana pasada, cuando estaba de visita, y ella se había ido de compras, él no podía ingresar y le pidió al vecino la copia, pero olvidó devolverla, y ahora lo hacía por correo.

Pero la historia no se completa allí. Hay muchas historias parecidas de una hermosa coincidencia; la situación se vuelve más sorprendente, cuando la historia no sucedió en los Estados Unidos, como es usual que esta historia sea contada, sino que fue en el Ecuador de los años setenta del siglo XX, en donde el correo no dejaba en casa la correspondencia, sino que había que ir a buscarla en la oficina correspondiente.

 

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