Experiencia ECM

Los días pasaban sin sentido para Huge, iba por el mundo esperando un milagro que solucione, al menos, algunos de sus problemas, pero ese milagro no llegaba y cada día se volvía extenso y revelador de la nada.

Su vida, luego de un tenaz divorcio, de esos en que la pelea es una verdadera batalla, de esas como las que se dieron en la II Guerra Mundial. Los muertos estaban en el alma de cada uno, y especialmente de Huge, que había perdido la custodia de sus dos hijos. Y al mismo tiempo había sido despedido de su trabajo, y como si  fuera poco, sus amigos habían partido a otras tierras, quizá huyendo de malestares similares.

En su larga caminata junto al río, acompañado por una pequeña niebla daba el tono terrorífico, Huge pensó: Debo partir de este mundo. Si Dios no me escucha aquí, debo ir allá. Con esos pensamientos siguió caminando hacia la nada, de pronto, tropezó, y cuando la caída era inevitable un brazo lo sostuvo. Miró a quien lo ayudaba y ahí estaba un hombre alto y bien vestido. Gracias, le dijo. -No son necesarias tus gracias, respondió aquel hombre. Pero quisiera que vengas conmigo tan solo un momento, si me lo permites, preguntó. Entre el asombro y la tristeza, Huge dijo que si.

Mira hacia el horizonte, mira que la niebla ya no está. Ahora sígueme. Parecía como que el río desapareció y sobre él se formó un camino de flores, de rosas muy hermosas y coloridas. Huge, muy preocupado, preguntó a su guía: ¿Qué pasa amigo mío? -Tranquilo, respondió el individuo. Mientras caminaban, Huge empezó a sentir como si estuviera en el aire, flotando, y aquel hombre le dijo, -Déjate llevar, deja que la fuerza que sientes a tus pies, fluya.

Llegaron a un campo abierto, con más flores que el camino, y de un pequeño sendero salió un anciano, se paró frente a él y le dijo:

-Hijo, ¿por qué preguntas tantas cosas?, sabes que yo siempre te escucho, y esta vez he querido que vengas a decírmelo aquí, no allá. Dime hijo mío.

Huge estaba como paralizado, porque de repente se llenó su alma de algo indescriptible, que las pobres palabras de un ser humano mortal no pueden expresar.

-Nada Padre, respondió, sólo quiero estar contigo.

-Bien, muy bien hijo mío, quiero que sepas que siempre estás conmigo, porque yo siempre estoy contigo. Nunca pierdas tu pensamiento en banalidades, en cosas que te desvían de tu meta, y tu meta soy yo, pero no creas que soy este anciano, esta imagen es una creación tuya para poder comprender en algo toda la verdad. Yo soy el más grande misterio para el ser humano. Tu no eres una simple creación, eres mi creación, pero debes romper las cadenas, debes levantar el velo que cubre tu vista. Dime hijo mío, ¿Quieres volver a ver a tu familia?

-Si, padre.

-Muy bien hijo mío, muy bien…

De pronto sintió un fuerte golpe en la cabeza. El dolor se volvió insoportable. No sabía que hacer en medio de la niebla. El frío empezaba calar duro en el cuerpo. Ahí estaba alguien que intentaba levantarlo y que hacía mucho esfuerzo, a la vez que le decía, ya llamé a una ambulancia, llegará pronto, tranquilo amigo, tranquilo….

Cuando Huge (nombre ficticio) me contó esta historia, me quedé perplejo. Es increíble que algo así pueda suceder. Recuerdo, le decía que esas cosas pasan cuando uno se golpea fuertemente en la cabeza. Y él me decía, no, no, no fue el golpe, yo sé cuando algo es verdad, lo sé.

La primera vez que leí el libro de Raymond Moody, quedé igual de impresionado. Leer esas experiencias cercanas a la muerte, en donde las personas cuentan cosas imposibles, pero éste caso en particular sugiere algo más. Quizás no sea un ECM o tal vez si, pero es como una catequesis de uno mismo, cuando dice que somos nosotros los que creamos la figura y el concepto para poder entender, es decir, podemos hacerlo según vayamos evolucionado, y podemos re diseñar esa figura y ese concepto,y así ir comprendiendo de mejor manera esos misterios, que parecen tan insondables.

 

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Un comentario sobre “Experiencia ECM

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