Las Lentejas de Diógenes

Ahora se habla mucho de que “un plato lentejas” es mejor en compañía de los seres queridos que “caviar” entre desconocidos e hipócritas. Mucho se dice también “yo no me vendo por un plato de lentejas”, sobre todo en los ámbitos de la política partidista. Esta historia es muy antigua, y de ahí se recoge todo esto de las “lentejas”, aunque lo del caviar sea un añadido popular, en un tiempo mucho más cercano a nuestras épocas.

Un día, estaba Diógenes disfrutando de su plato de lentejas sentado en el callejón de una casa de la localidad.

La comida más humilde de Atenas era nada menos que la menestra de lentejas. Comer lentejas era signo de extrema pobreza y abandono. Quienes las comían eran rechazados por la sociedad ateniense y se los consideraba una especia de parias. En se momento, justo por ese lugar cualquiera de la ciudad, pasó un alto ministro del emperador, quién miró a Diógenes y le dijo:

– ¡Ay! Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a adular al menos un poco al emperador, no tendrías que comer sólo lentejas.

Diógenes dejó de comer, levantó la vista y mirando profundamente al alto funcionario de gobierno, le dijo:

-¡Ay de ti, hermano!  Si tan sólo aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser tan sumiso y adular tanto al emperador.

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