Olorún y la creación

Me han pedido que escriba algo sobre África, pues bien, en el continente negro, como se ha dado en llamarlo, la mitología es muy diversa. Los misterios son muy superiores a los de cualquier otro lugar en la Tierra. Con Egipto a un lado, podemos decir que en África existen miles de creencias. Cada tribu tiene la suya propia, quizá por el aislamiento en las que vivían, aspecto que poco a poco va quedando atrás.

Cada tribu tiene su concepto de la creación del mundo y de la humanidad. Sus mitos son utilitarios, ya que utilizan los elementos del diario vivir para explicarlo. Pero aún así, existen algunas coincidencias impresionantes con las grandes cosmologías de las civilizaciones establecidas.

En esta ocasión, veremos al pueblo de Nigeria, y una de las más espectaculares mitologías de la creación.

Se trata del Dios Olorún, o concebido como el Señor del Cielo. Este dios se auto proclamó dios creador de todo lo existente. Los miles de dioses que existían querían quitarle la supremacía, y para ello organizaron un gran evento, en el que se establecería qué dios era más esplendoroso. Los mil dioses decidieron entregarle la supremacía a Olokún, el Agua, ya que reflejaba el esplendor del cielo. Olorún mostró que su poder era el original, y que lo hacía Olokún solo era el reflejo de quien creó todo lo existente. Los mil dioses preguntaron a Olokún, porque insistían en entregarle el trono, pero el propio Olokún repetía las palabras de Olorún y las intenciones de derrocamiento quedaban disueltas.

Olorún pobló la tierra, y envió un dios menor a habitarla. Lo envió con una paloma, una gallina y un caracol para crear el suelo. El gran Olorún proporcionó las semillas necesarias para las plantas y los árboles, y le enseñó a modelar la arcilla.

Estos pobladores eran gigantes e inmortales y Olorún tuvo miedo, y se dijo que era muy peligroso que los dioses compartieran la Tierra con seres muy parecidos a ellos, e impuso el envejecimiento. Poco a poco estos seres empezaron a perder estatura y a envejecer, y eran como muertos en vida, y Olorún tuvo compasión y estableció la muerte para librarlos de ese horrible trance. Así, eran pequeños como los humanos y envejecían y morían.

Es así que Olorún protegió a los dioses de tener un igual a ellos que podría dañarlos.

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