Cuándo no te eligen

Cuando no te eligen

Cada vez que hay elecciones en un país, siempre quedan las frustraciones de muchos candidatos que no lograron ganar, y aún más de electores que ven el asunto como un partido de fútbol, o una pelea de box.

Es común también ver a personas que se sienten muy mal cuando son rechazadas para un empleo, o que su tesis de grado no fue aceptada por el tribunal que la revisaba. Tanto en las elecciones como en las otras circunstancias, unos no son elegidos, y serán otros que ocuparán esos cargos, esos trabajos, que se graduarán más pronto. Los otros siempre se quedan con la mejor parte.

Pero, ¿En realidad es así? Parece que no. La mejor parte es la que nosotros mismos logramos crear. A veces (quizá la mayoría) nos toca luchar contra muchas barreras; muchas circunstancias que no nos dejan avanzar y parece que están dedicadas exclusivamente a nosotros. Pero el éxito no es que nos elijan, sino que es lo que elegimos nosotros y que podamos hacer lo mejor, desde donde estemos.

Hay una historia en la Biblia que grafica muy bien esto, la verdad es que hay muchas historias a este respecto en el libro sagrado.

Desde inmediatamente después de la creación, Dios eligió la ofrenda de Abel. En realidad todo el Antiguo Testamento se basa en que Dios eligió a un pueblo en particular.

El mismo Cristo elige a Simon Pedro como líder de sus apóstoles.

Y después, cuando Cristo se va para los cielos, había que elegir a un sucesor de Judas el Iscariote, y los apóstoles decidieron echarlo a suertes y según el resultado ese sería la voluntad de Dios. Eligió a Matías y José se tuvo que retirar.

La pregunta surge como espontáneamente ¿Cómo debemos manejar esa situación? Si somos creyentes la situación se resuelve muy fácilmente, y con la ventaja de no ceder ni un palmo a nuestras aspiraciones legítimas, pues es simplemente confiar en Dios y en su voluntad, que siempre será más segura que la nuestra.

Si es que en verdad existe un tema mayor a nuestro propio bienestar, sabremos apoyar a quien fue elegido, y lo haremos con alegría, pero sin ceder, como ya dije, en nuestras legítimas aspiraciones, y esto también sirve para los no creyentes, por ejemplo en el caso de las elecciones para autoridades estatales. Si es el bien del pueblo el bien supremo, entonces apoyaremos a quien legítimamente ganó, pero también se le advertirá de sus errores y de sus abusos.

Pero lo más importante es cómo reaccionamos nosotros cuando no nos eligen. Recordemos que la obra de Dios (el propósito) es más importante que nuestro éxito.

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