Allá en lo alto…

Allá en lo alto de la montaña… Donde nace el Sol… Allá junto al capulí de la mañana.

En esos lugares fantásticos las rosas crecían como laureles…. Y los eucaliptos silbaban curaciones… campos extensos llenos de rocío y de color… de carreras y pelotas.

Allá en lo alto de la montaña… Allá donde un río entona canciones de cuna… Donde el corazón se restringe en soledades.

Yo soy del monte… de raposos huyendo de fogatas… Y amigos calentando el fuego… Del monte como de ensueño… de guayaba y guaba… de sapo y acequia….

Es lo mismo asistir al amanecer como al atardecer… su magia no se pierde por pesimismo… su viaje es de lágrimas felices… sus ciclos no son rivales del romance.

El cemento es el protagonista de una leyenda lejana… lo único que cuenta es el aroma a césped y magnolias…

Un momento de silencio íntimo, un sollozo de amor cercano, un latido que llega hasta el principio del Universo… callado… nebuloso… galaxias ataviadas de nostalgia…

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