Ruta del Río

Todas las noches salía de su casa rumbo a su trabajo. Iba por la ruta del río que tenía algo de luz. Cada vez que cruzaba ese antiguo camino, su corazón palpitaba mucho más de los normal. Pero no importaba si su miedo la carcomía su valor en silencio. Con todo, cada noche lo andaba y al final, llegaba a la estación de autobuses que la llevaría a la fábrica.

Dobla y vuelve a doblar. Cobijas y colchas deben estar perfectas. Las máquinas deben producir al máximo, no importa si son humanas o no. Rechina el acero y tambalea el músculo. Una u otra vez…

Una de esas noches, quizá más fría de lo normal, un tipo la abordó. Le dijo de la forma más amable que era una mujerzuela. Asustada intentó huir pero no lo consiguió. Se lanzó hacia la derecha y estaba allí. Lo hizo hacia la izquierda y también lo encontró. Se lanzó sobre él y corrió de frente, y al no poder soltarse de sus brazos se abalanzó al río, en donde cayó en lo más correntoso… Aquel hombre sonrió con mucho placer, había conseguido su propósito.

Tomó la cartera de la chica y se la puso al hombro y empezó a caminar rumbo al trabajo. Una fábrica de colchas y mantas. Doblar y doblar. Máquinas rechinando y resistiendo…

En alguna noche lo pensó un poco y se preguntó: ¿A esto llamaban libertad mis hermanos? Se trabaja y se trabaja. Es una bendición me lo repiten los cascanueces; todos los días la vida es para gastarla trabajando… lava la ropa y los platos. Cocina y bebe un poco de café, algún placer debía existir…

Otra noche más caminaba por aquel camino junto al río. El miedo ya no existía en aquella chica; sólo un sueño de encontrarse con aquel hombre que lo devuelva a lo más profundo del río…

Mientras tanto en una dimensión desconocida. Ella salió del río y se sorprendió al ver su hermoso traje negro. Impecable. Al alzar su mirada vio un horizonte de luz inexplicable; sus ojos captaban lo fervoroso del amor en sensaciones luminosas. Oía sonidos celestiales. Empezó a correr de la alegría sempiterna que sentía. Él, un hombre alto de talla y de estima. ¡Qué fascinante lugar! Dijo.

Pero la gente que lo rodeaba no estaba conforme. Al conversar con uno de ellos, le dijo que el sueño de todos era ir por la ruta del río para cruzar allá, a un mundo maravilloso…

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