Las Tres Pascualas

¿En qué ciudad no ha muerto alguien misteriosamente? ¿En qué ciudad del mundo no ha fallecido de amor una doncella hermosa? ¿En qué ciudad que se precie de serlo no ha encontrado la muerte por su propia mano, el amante escondido de quien ni siquiera sabía de él?

La historia de hoy sucede en la ciudad de Concepción de finales del siglo XVIII. El mundo romántico de una aún pequeña ciudad, entre la oscuridad y la noche, y el día repuntando con su romántica vida.

Las tres Pascualas, conocidas así por lavar la ropa juntas en la pequeña laguna cercana a su hogar. Hermanas las tres además muy hermosas, de una bondad impredecible. Trabajadoras. Nunca se cansaban hasta no terminar su tarea.

Pero su trabajo incansable no fue el obstáculo para que su corazón paseara por los senderos de los sueños. Un muchacho, de la edad exacta, de la clase y el porte preciso, llegó en el tiempo exacto para que sus almas volaran de amor por las nubes de las pasiones imperdonables del destino.

No saben los lugareños que pasó con la agridulce fruta del amor compartido. Se cree que el joven varón se enamoró también de aquellas musas inspiradoras de versos y satánicos encuentros. Su amor era inconmensurable y alcanzó para que cada una de ellas disfrutara del placer mundano de una noche de laguna y neblina.

No saben los lugareños que es lo que pasó. Quizá aquel joven en sus ansias de conquistar solo a una de aquellas princesas del campo y la montaña, decidió hacer su elección en la laguna, en la noche de San Juan; nuevamente entre neblina, y en su incapacidad de renunciar a todos los dulces labios las citó a todas para su decisión.

En la noche, desde su bote escuchó el ruido de unos pasos; asustado y creyendo que venía solo una, gritó «Pascuala, Pascuala» Y ellas por separado y al lanzarse se juntaron para caer sobre él, y por inexplicable remolido, el bote se hundió con sus cuatro noveles tripulantes hasta el fondo para que la laguna tuviera nuevos huéspedes de leyendas.

La laguna luego del estruendo cambió su forma. Hoy se la puede ver como un cuarto de Luna. La forma de los amantes perdidos. No es coincidencia, es tristeza.

Los cadáveres de las chicas fueron encontrados una tarde flotando en el agua ya calmada. Pero el del galán incógnito nunca se supo más. Los lugareños no saben que pasó; algunos dicen que él fue para siempre a otros pueblos. Dicen que nunca las llamó a su bote, sino que fueron ellas quienes en desesperación se lanzaron de amor imposible a las aguas del olvido.

Ya van dos siglos que los lugareños no saben que pasó, pero a la vez cuentan historias de haberlas visto a las Pascualas, lavando y lavando, en su incansable trabajo de purificar las ropas, o quizás, el alma…

 

No falta el lugareño que escucha la voz de aquel incógnito amante, gritando, Pascuala, Pascuala, Pascuala…

 

*Adaptación de la leyenda Chilena Las Tres Pascualas

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