Lejos

Pasar la noche cantándole a la Luna no te hace un sapo cancionero… lo importante es subir a la torre mayor de un Castillo para buscar una princesa.

En esas tierras tan lejanas parece que el tiempo es de papel. Los sueños no son de colores sino de aluminio raido. Sus bosques están cansados de canciones en la soledad de un quimérico, o en la lenta amistad de alguna ardilla.

Los ríos están quietos y callados, parece que sus musas duermen en los hongos del subterráneo. No, no es tristeza, es como una ronda de tequila mal añejado.

Ver a los nativos es deslizarse en jabones de algas. Resbalan y no se comprometen. Cada quien va en un asunto maquinal, en moldes probados y grasosos sin posibilidad de adherencia. Mortal virtud de la robótica.

El horizonte es pálido de montañas. Las nubes se forman entre pereza y desengaños. El valor de un sueño se pierde a campo abierto. Va y viene sin rumbo ni ruta.

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