Acción de Gracias

Desde la antigüedad, sobretodo en Europa, se celebraban unos rituales de agradecimiento por la cosechas. Finales de noviembre, ya para entrar en el invierno, quienes lograron cosechar lo suficiente daban las gracias por tener el alimento necesario para el siguiente año.

La fiesta tiene su origen en Europa, sin embrago, en cada lugar tienen características diferentes. La celebración más conocida a nivel mundial es la que se realiza en los Estados Unidos. Los peregrinos llegaron el 11 de diciembre de 1620 a Plymouth Rock,  a asentarse en esas nuevas tierras. Al principio tenían muchos problemas para sobrevivir por lo duro del invierno, y fueron los indígenas quienes les ayudaron con algunas faenas. Les enseñaron a pescar y les dieron semillas locales para la producción. Su colaboración dio los mejores frutos para la siguiente cosecha, y sobre la base de la celebración europea, decidieron celebrar conjuntamente con los nativos un día de Acción de Gracias.

Al principio no se lo celebraba cada año; dicen los historiadores que el segundo día de Acción de Gracias se lo hizo en junio de 1676. Recién en 1863 el presidente Abraham Lincoln lo hace oficial para el último jueves de cada noviembre; y más recién aún, en 1941, el Congreso lo declaró fiesta nacional para todos los Estados Unidos.

Es siempre bueno dar gracias por las bondades de la vida. Recuerdo la frase de James Redfield, quien decía que «donde se fija la atención, fluye la energía», lo que significa que donde tengamos nuestro interés, eso crecerá. «Donde está tu corazón está tu tesoro» dice la Biblia.

El tesoro es esa armonía que necesitamos para vivir. Dar las gracias es armonizar nuestra vida. Dar las gracias significa fijar nuestra atención en lo bueno que tenemos. En lo mejor que el universo nos regala.

La verdad que el día de Acción de Gracias, no debe mantenerse como una tradición netamente estadounidense, además de Canadá y Brasil, debería extenderse por todo el mundo.

Tampoco hay que confundir que dar las gracias es sinónimo de conformismo. O que dando las gracias le damos carta abierta a quienes quieren dañarnos. Muy por el contrario, dar las gracias por lo bueno de nuestras vidas, es quitarles su poder, porque nuestra atención está en lo divino mas no en lo mortal.

Quizá quede bien aquí la vieja fábula atribuida a Buda. Cuando uno de sus discípulos le preguntó, que por qué debía perdonar, Sidharta le respondió que todas las personas siempre nos traen regalos, y en asuntos de regalos no estamos en la obligación de recibirlos. Entonces, si no recibes un regalo ¿Con quién se queda?. Con el que lo trajo. Las ofensas son iguales a los regalos, si no las aceptas regresan con quien te las profirió. El no aceptar el daño es perdonar. El agradecer tu vida es amarla. No aceptes el terror en el que nos quieren mantener ellos, los que roban y matan. Acepta el amor de una madre, y todo lo que contenga ese pequeño murmullo de un acto de amor. Solía decir Facundo Cabral, «los buenos somos más, lo que pasa es que el bien es silencioso…»

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Un comentario sobre “Acción de Gracias

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