La Torre del Fantasma

Leyenda del Gran Buenos Aires

 

Los visitantes de Buenos Aires, en la Argentina, oirán de sus anfitriones  la leyenda de la Torre del Fantasma, también conocida como el Castillo de la Boca, por encontrarse en tan tradicional sector de la capital de la Argentina. es una leyenda que se divide en tres etapas, lo que la hace muy interesante. La continuidad de los hechos la hacen creíble y tenebrosa.

PRIMERA ETAPA

El castillo se encuentra en la avenida almirante Brown, la calle Wenceslao Villafañe y la avenida Benito Pérez Galdós. Es un edificio que sobresale cuando se le busca, con su estilo catalán, tal y como lo pidió su dueña que se construyera, allá por mediados de la primera década del siglo XX. Una descendiente de catalanes, junto a la frontera con Francia era María Luisa Auvert Arnaud, un terrateniente de Rauch, y muy activa en los negocios; precisamente quería construir un edificio funcional para la gran cantidad inmigración que recibía la ciudad en esos años. Le pidió al arquitecto de origen gallego Guillermo Alvarez que lo hiciera conforme al estilo del momento en Barcelona.

La torre del fantasma zackelCuando la construcción estuvo lista, Auvert se enamoró de la obra, y en lugar de rentarla se pasó a vivir allí. compuso una decoración muy a su gusto, al extremo de llevar plantas traídas de la madre Patria España, para lograr el máximo parecido posible. Tal parece que este el pie de la leyenda y posteriores leyendas que surgirán en torno a esta construcción. Esas hermosas plantas tenían unos hongos que al parecer eran alucinógenos; al decir de algunos, en esos hongos habitan unos duendes muy traviesos, que incomodan a cualquier mortal que viva en la casa. Y desde entonces empezaron a suceder cosas extrañas en aquella vivienda. Los vecinos contaron que se escuchaban gritos de terror dentro de sus habitaciones; esos gritos trasmitían el pánico a todo el barrio.

María Luisa abandonó aquel castillo y se fue a vivir al campo, a una de sus estancias en Rauch.

SEGUNDA ETAPA

La inmobiliaria que se quedó encargada del precioso edificio, lo segmentó en departamentos, muy parecido al plan original, y lo rentó y lo vendió según el caso. Por su estilo especial, el lugar se convirtió en vivienda de artistas, y en su torre, en el único tercer piso de la construcción, se pasó a vivir la artista plástica de nombre Clementina, de larga cabellera, alegre y muy hermosa, que pronto se ganó el cariño de todo el barrio.

Clementina venía de Venado Tuerto cuyo padre la había enviado a estudia a Buenos Aires, y su materia era Historia del Arte. Clementina pronto empezó a tener mucho éxito con su arte y organizaba eventos en su casa, que su ambiente le era muy propicio.

Una periodista amiga de ella, quiso entrevistarla y conocerla más, para lo que se reunieron en su atelier, justo en la torre. Tomó fotos de algunos de sus cuadros.

Una noche los vecinos escucharon un gran alboroto en la torre. No sabían que pasaba, y el escándalo creció mucho y salieron a ver que pasaba, y de pronto, salió un cuerpo por una de las ventanas, se trataba de Clementina. Al entrar en el atelier no encontraron nada extraño, solo los cuadros movidos… Clementina se había suicidado y faltaba el cuadro que con tanto ímpetu estaba pintando. Como resultado se quedó un barrio conmovido y sin saber los motivos para un acto así.

TERCERA ETAPA

La periodista que tomó las fotos, de nombre Eleonora, mandó a revelar sus negativos, y la sorpresa fue inmensa, cuando en la foto de un cuadro que estaba pintando Clementina, aparecieron unos hombrecillos con botas y sombrero. Eleonora empezó una investigación y llegó a saber de la señora Auvert, y lo más importante, que aún vivía en Rauch.

Hizo una cita y fue a buscarla en la estancia. Auvert la recibió muy amable, y ante las la torre del fantasma follet 2indagaciones de Eleonora, le contó la historia por la cual había abandonado su casa de la Boca. Con las plantas llegaron unos duendes, que corresponderían a los de una vieja leyenda catalana, llamados los follets. Al principio éstos seres ayudaban con los quehaceres, pero en un momento uno de ellos quiso propasarse con una de las sirvientas, siendo defendido por otro sirviente, por lo cual los duendes se enojaron mucho y empezaron a hacer la vida imposible en el castillo. La decisión fue abandonar el lugar.

En la actualidad, quienes habitan en el Castillo, dicen escuchar pasos en la torre, y que es común que las cosas se pierdan para siempre, o son vueltas a encontrar tiempo después en otro lugar.

Duendes de viejas leyendas europeas, cuadros inconclusos, suicidios y pesares, leyendas fantasmagóricas que alimentan la vida de la ciudad; ésta es una más…

 

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