La Esclava Hermosa

Hace muchos años, en un reino muy lejano había un sultán muy poderoso. Su palabra era el bien y el mal dentro su reino. Un día salió a pasear por sus dominios y encontró a una esclava en extremo bonita. Bajó de su condición de y se enamoró perdidamente de la belleza de la esclava y la compró. La llevaría a palacio para que adorne las estancias de aquel viejo castillo.

Pero la esclava enfermó. El sultán se lamentó grandemente. Si tienes un cántaro no hay agua, y si hay agua no tienes un cántaro. Cuando tienes un burro no encuentras silla; pero ya con la silla el burro ha desaparecido.

El sultán llamó a los médicos de palacio y les instó sanarla. Mi dolor es mucho decía, os ofrezco tesoros a cambio. Los médicos prometieron hacer lo que haría un salvador del mundo para curar aquella enfermedad. ¡Ay! de aquellos médicos ¡Ay! por olvidar a Allah.

Al olvidar la oración Insh Allah, los médicos no pudieron sanarla.

El sultán desesperado acudió a una mezquita, se arrodilló ante el Mihrab y se lamentó de su error. No he acudido a Tí oh Señor. ¡Perdóname!

Los ruegos sinceros siempre son escuchados, y Dios en su poder durmió al sultán. en el sueño un venerable anciano le decía: Tu ruegos han sido escuchados, un extranjero irá a ti. Su Sabiduría procede de Dios. El sultán despertó y vio llegar a ese extranjero, que era el mismo anciano de su sueño. La sabiduría manifestada es mi verdadero amor, y no un rostro de sirvienta. Hay que empezar una empresa para que se realice otra. La hermosura de su rostro, es la respuesta a cualquier cuestión.

El viejo sabio examinó a la esclava y dijo con voz tenue: Cuando la fogata es de leña verde, su humo causa ardor a los ojos. La chica no tiene otro mal que no sea el del corazón. Inmediatamente pidió que le dejaran solo con la muchacha. Todos salieron dejándolos libres de conversar.

Una vez solos, el anciano inició por tomar su pulso y a preguntar ¿Cual es tu país? ¿Vive aún tu madre?. Si alguien tiene una espina en su pie sufre hasta sacársela, que más diremos de una espina en el corazón. Si la espina se clavara bajo la cola de un asno, ésta no saldría por los rebuznos, sino por la intervención de un inteligente que sepa que hacer.

El viejo sabio la seguía tomando el pulso, y a la vez seguía  preguntando por las personas que la chica había dejado atrás. ella contaba de sus padres, vecinos, hasta que la palidez de su rosto se ruborizó, y fue al nombrar a cierto artesano de una ciudad llamada Samarcanda.

Tenemos ya la razón de tu mal, le dijo el anciano a la sirvienta. Yo llevaré a cabo lo necesario para tu curación.

El viejo sabio se reunió con el sultán y le explicó lo que sucedía, y le instó a que trajera a palacio a aquel artesano de Samarcanda. Así lo hizo el gobernante. Con sus mensajeros le envió obsequios y el recado de ir a palacio.

Los enviados del sultán dijeron al artesano: Oh, tu fama te precede. eres considerado el mejor orfebre de toda la región, y el rey quiere que seas el artesano principal del palacio. Todos éstos vestidos y el oro y la plata son para ti. El artesano no dudó y lleno de engreimiento partió hacia el palacio. Pero la voz de su ángel le dijo: «¡Vaya! ¿Acaso crees  que te llevarás al más allá los objetos de tus sueños?»

Cuando llegó el orfebre, luego de las presentaciones, el anciano pidió al sultán que lo juntara con la esclava. Así pasaron seis meses de vida juntos y en placer. Hasta que el viejo sabio, agregó ciertos jugos de plantas a las comidas del artesano para quien enfermara. Así sucedió, y la otrora hermosura de la viril juventud se tornó en fealdad de enfermedad

La hermosa esclava enfrió su corazón. La relación con el artesano había terminado. Así es cuando el amor depende de los perfumes y los colores; no es amor, es desesperanza. Las más bellas plumas del pavo real son sus verdaderas enemigas. El elefante pierde su vida por el brillante marfil. La zorra muere por el esplendor de su cola.

El artesano se lamentaba, he sido cazado cual gacela indefensa, pero mi venganza será tenaz. Se fue para siempre, y la esclava hermosa quedó libre de su mal de amor.

El viejo sabio se fue diciendo: El amor efímero, no es amor….

Nota: Cuento sufi del Matnawi de Rumi.

La esclava hermosa Rumi

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