Juan de Jerusalén I

Este sabio hombre nació en Francia entre los años 1040 y 1042, cerca de Vezelay. Antes de fallecer a sus 77 años, integró a los fundadores de la Gran Orden de los Caballeros del Temple.

Lo que lo hace «famoso» es un manuscrito encontrado durante la ocupación Nazi en una sinagoga de Varsovia en Polonia, que luego pasará a manos del Comité para la Seguridad del Estado, más conocido como KGB, y luego con la caída de la Unión Soviética se lo puede conocer a cabalidad. El manuscrito constituye el libro «Protocolo Secreto de las Profecías». El libro está datado en el siglo XIV pero se refiere a una serie visiones de Juan de Jerusalem, cuando éste estuvo en la ciudad santa por el año 1099. El prólogo a éstas profecías, pintan de Juan de Jerusalem como prudente entre los prudentes, santo entre  los santos y que tiene la capacidad de ver cielo y tierra.

Las visiones de Juan de Jerusalem son muy extensas, pero a la vez extraordinarias. Parece que va relatando paso a paso lo que sucede en la actualidad, y se piensa más en la actualidad, porque inicia cada visión con una ambientación influyente e imaginativa; dice así: Cuando empiece el año mil que sigue al año mil. Que más puede alguien imaginar sino que es el año 2000. Habla de la gente que vivirá en esa época.

Cuenta el mismo texto que Juan de Jerusalem era un hombre que gustaba de estar solo, y en esa soledad tenía esas visiones extraordinarias, que como dijimos son muchas, y ahora solo veremos algunas.

Cuando empiece el año mil que sigue al año mil… El hambre oprime el vientre de tantos hombres y el frío aterirá tantas manos, que estos querrán ver otro mundo. Y vendrán mercaderes de ilusiones que ofrecerán el veneno… Pero esto destruirá los cuerpos y pudrirá las almas; y aquellos que hayan mezclado el veneno con su sangre serán como bestias salvajes caídas en una trampa, y matarán, y violarán, y despojarán, y robarán; y la vida será un Apocalipsis cotidiano.

Cuando empiece el año mil que sigue al año mil… El padre buscará el placer en su hija; el hombre en el hombre; el viejo en el niño impúber, y eso será a los ojos de todos… Pero la sangre se hará impura; el mal se extenderá de lecho en lecho, el cuerpo acogerá todas las podredumbres de la Tierra, los rostros serán consumidos, los miembros descarnados… el amor será una peligrosa amenaza para aquellos que se conozcan solo por la carne.

Cuando empiece el año mil que sigue al año mil… Se deberá temer por hijo del hombre; el veneno y la desesperación le acecharán; no se le habrá deseado más que por uno mismo, no por él o por el mundo; será acosado por el placer y a veces venderá su cuerpo. Pero incluso el que sea protegido por los suyos estará en peligro de tener el espíritu muerto; vivirá en el juego y en el espejismo. ¿Quién le guiará cuando no tenga maestros? Nadie le habrá enseñado a esperar y a actuar.

Cuando empiece el año mil que sigue al año mil… Los hombres sabrán hacer realidad los espejismos; los sentidos serán engañados y creerán tocar lo que no existe; seguirán caminos que solo los ojos verán y el sueño podrá hacerse realidad. Pero el hombre ya no sabrá distinguir entre lo que es y lo que no es. Se perderá en falsos laberintos; los que consigan dar vida a los espejismos se burlarán del hombre pueril, engañándole. Y muchos hombres se convertirán en perros rastreros.

Cuando empiece el año mil que sigue al año mil… Regiones enteras serán botines de guerra. Más allá de los límites romanos e incluso en el antigua territorio del imperio; los hombres de las mismas ciudades se degollarán; aquí habrá guerra entre tribus y allá, entre creyentes. Los judíos y los hijos de Alá no dejarán de enfrentarse y la tierra de Cristo será su campo de batalla; pero los fieles querrán defender en todo el mundo la pureza de su fe y ante ellos no habrá más que duda y poder; entonces la muerte avanzará por todo el mundo como estandarte de los tiempos nuevos.

Llegados plenamente al año mil que sigue al año mil… El hombre conocerá un segundo nacimiento; el espíritu se apoderará de las gentes, que comulgarán en fraternidad; entonces se anunciará el fin de los tiempos bárbaros. Será el tiempo de un nuevo vigor de la fe; después de los días negros del inicio del año mil que viene después del año mil, empezarán los días felices; el hombre reconocerá el camino de los hombres y la tierra será ordenada.

Coincido con la mayoría de investigadores, que sostienen que las descripciones de éstas visiones encajan perfectamente con la época actual, e igual que ellos también me quedo con la duda, de que si en verdad las estamos viviendo, cuando será el gran renacer que anuncian las visiones finales. Cuando llegará ese gran humano que lo restaurará todo. Ese evento estilo ave fénix que renace de  las cenizas.

Existen también comentarios sobre que este manuscrito no puede tener la confianza necesaria, pues ha pasado por las manos Nazis y luego por la KGB, por lo que quizá fue manipulado. Dicen que no puede ser tan preciso en algunas cosas. Manipulación o no, el manuscrito vendría de una época en que no pasaba nada de lo que describe.

En próximas entregas analizaremos algunas de las visiones.

Saludos.

 

 

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Un comentario sobre “Juan de Jerusalén I

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