La Carta de Pilato

Desde hace algunos años viene circulando una carta, bueno dos cartas, de Poncio Pilato, en la que informa al Cesar sobre la situación de un alboroto en Judea, principalmente debido a la presencia de un Jesús.  Es un Jesús interesante, porque la carta lo pinta como alto rubio y claro, de treinta años.

He buscado a la crítica y encontrado de todo. Busqué una copia de dicha carta y no la he podido conseguir, solo hay en formato digital y algunas transcripciones, y uno que otro libro muy difícil de obtener. Me han informado que se puede conseguir una copia solicitándolo directamente a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en Washington D. C. y/o, también al archivo Vaticano en Roma. Al menos de la búsqueda que he hecho en la página web de la Biblioteca del edificio Jefferson, no se encuentra dicho documento; supongo que será de ir personalmente. Aunque hice una consulta vía correo electrónico, si es que alguna vez recibo respuesta se los contaré.

Además las referencias son a dos cartas, una a Tiberio y otra a Claudio. De la carta a Tiberio hay varias versiones, una corta, que es la más común en Internet, y otras más extensas, e incluso difíciles de leer, pero la versión corta resume todo lo que se quiere decir, y la transcribo a continuación:

A Tiberio César: 

 Apareció en Galilea un hombre joven, que en nombre del Dios que lo envió, predicaba humildemente una nueva ley. Primero temí que su intención fuera sublevar al pueblo contra los romanos. Pero pronto se borraron mis sospechas. Jesús de Nazareth habló más bien como un amigo de los romanos, que no de los judíos. 

 Cierto día observé en un grupo de personas a un hombre joven que, apoyado en el tronco de un árbol, hablaba tranquilamente a la multitud que le rodeaba. Se me dijo que era Jesús. Esto podía haberlo supuesto fácilmente, por la gran diferencia que había entre él y aquellos que le escuchaban. Su pelo rubio y su barba le confirieron a su apariencia un aspecto celestial. Parecía tener unos 30 años. Nunca antes había visto una faz más amable o simpática. Qué diferencia tan grande había entre él y los que le escuchaban, con sus barbas negras y su tez clara. Como no deseaba molestarle con mi presencia, proseguí mi camino, indicándole sin embargo a mi secretario que se uniera al grupo y escuchara. Más tarde mi secretario me informó que jamás había leído en las obras de los filósofos nada que pudiera compararse con las enseñanzas de Jesús. Me informó que Jesús no era seductor ni agitador. Por ello decidimos protegerle. Era libre de actuar, de hablar y de reunir al pueblo. Esta libertad ilimitada provocaba a los judíos, los indignaba y los irritaba; no a los pobres, sino a los ricos y poderosos. 

Más tarde escribí una carta a Jesús y le pedí una entrevista con él en el Pretorio. Acudió. Cuando el nazareno apareció, estaba yo dando precisamente mi paseo matinal y al mirarle, mis pies parecían aferrados con correas de hierro al piso de mármol, temblando yo con todo el cuerpo cual un ser culpable, a pesar de que él estaba tranquilo. Sin moverme, admiré durante algún rato a este hombre excepcional. Nada había en él ni en su carácter que fuera repulsivo; pero en su presencia sentí un profundo respeto. Le dije que él y su personalidad estaban rodeados de una contagiosa sencillez que le situaba por encima de los filósofos y maestros de su tiempo. A mí y a todos nos causó una honda impresión debido a su amabilidad, sencillez, humildad y amor. 

Éstos, noble soberano, son los hechos que atañen a Jesús de Nazareth. Y me tomé tiempo para informarte de los pormenores acerca de este asunto. Opino que un hombre que sabe transformar el agua en vino, que cura a los enfermos, que resucita a los muertos y apacigua a la mar embravecida, no es culpable de un acto criminal. Y como otros han dicho, debemos admitir que es realmente el hijo de Dios.

 Tu obediente servidor, 

Poncio Pilato. 

Esta traducción la he tomado de Carta Oficial de Poncio Pilato

En realidad la carta es una falsificación, si se llegara a establecer su antigüedad, ésta sería muy tardía como para adjudicársela a Poncio Pilatos, de esta opinión es el doctor Antonio Piñero de la Universidad Complutense de Madrid, y es él mismo quien nos dice, que la carta a Claudio es imposible, pues Poncio Pilato de seguro ya estaría muerto para esa fecha.

Pero el misterio no es la antigüedad, sino porqué alguien quiso falsificar algo así.

Saludos

 

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