El escarabajo de Francisco

Estaba san Francisco orando ante el Señor, cuando de pronto se le acercó un hombre como de unos treinta años, y arrojándose a sus pies le empezó rogar: – Padre Francisco, he perdido mi trabajo, mi esposa ha enfermado y no tengo dinero para curarla, mis hijos tienen hambre y frío. Además, mi amo ha dicho que debo abandonar el campo en donde estoy viviendo.

Francisco lo miró con compasión, y supo que es verdad lo que le decía y le respondió: -Que puedo hacer yo, hermano mío. No tengo dinero ni medicinas, ni ropa, y como soy un simple mendigo de Cristo no puedo interceder por ti ante tú señor feudal para que te deje en sus tierras.

Pero aquel hombre no escuchaba nada, sólo pedía auxilio y en una de sus súplicas dijo: -Pero padre Francisco, tú puedes interceder por mi ante tu Señor Cristo, y por su amor él me ayudará a superar mi miseria.

Nuevamente Francisco lo miró con compasión y comprendió el gran problema de este siervo y le dijo: Invocaste al amor del Señor de señores y por eso te voy a ayudar, pero solo con una condición, que cuando resuelvas tus problemas y ya estés bien en todo lo que me has dicho, tendrás que devolver aquello que te voy a dar aquí mismo. San Francisco buscó a su alrededor y miró un escarabajo que subía muy lentamente un árbol; se acercó y al tomarlo y separarlo del tronco se convirtió en una hermosa joya de oro con una talla exquisita y cubierta con las más preciosas piedras que se podrían encontrar. Toma, le dijo al siervo, empeña este pequeño insecto que es creación del amor de Dios, y resuelve tus problemas.

El campesino mientras agradecía y con llanto en los ojos tomó el escarabajo de oro y se marchó.

Pasó algún tiempo, un año o dos, en ese tiempo el campesino ya había salido de sus problemas e incluso había logrado establecerse con un oficio en un pueblo cercano. Sus problemas financieros habían concluido para siempre. Entonces, ya con la hermosa joya en sus manos, se fue en busca de San Francisco; lo encontró en el mismo lugar de la última vez hace ya tiempo y le dijo: -Padre Francisco, gracias a ti y a Nuestro Señor Jesucristo por sus bendiciones dadas a mi y a mi familia, aquí tienes la joya que me prestaste, te la devuelvo ahora que ya estoy bien, según me lo dijiste. San Francisco sonriente tomó el escarabajo de oro y lo colocó en el árbol, al instante en que las patas del insecto tocaron el tronco, empezó a caminar y a continuar subiendo como si nada hubiese pasado.

San Francisco miró al antiguo campesino y le dijo: Vete en paz….

Esta es una hermosa leyenda adjudicada a San Francisco de Asís, y que la publicamos hoy como un homenaje a su fiesta. Pero como en todo hay misterio, hay quien dice que en verdad, este milagro lo hizo san Martín de Porres; y otros que el santo milagroso fue sin más San Vicente Ferrer. Historias y leyendas que se pierden en la profundidad de los tiempos; historias que buscan darnos mensajes y directrices. O quizá solamente divertirnos…

Saludos

 

 

La Escalera Misteriosa

 

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