Dorothy

 

Eran de esos días en que la brisa es más fría, en que el corazón salpica por cada gota de rocío. De esos que desmantelan el alma y quebrantan el espíritu.

Ella salió de su ya vetusta casa con el característico rechinar de la madera de la puerta, se dirigió callada hacia la carreta, en donde le esperaba Bob, quien la llevaría a la ciudad en pos de su nuevo empleo: La Médium.

Desde niña tenía unos extraños poderes. Doblaba cucharas y movía floreros. Al despertar contaba que en sueños veía morir a alguien que ese mismo día fallecía. Dorothy odiaba ser lo que era. Monstruos en visiones; villanos dándole consejos. Solo muerte y destrucción en su vida. Pero ahora podría utilizar «su mal» para ayudar. Se ilusionaba con poder sanar a las personas, con contarles sobre su destino y procurar reducir las muertes inútiles.

Bob la llevaba a su nueva vida, era tierno y cariñoso, no parecía una mal hombre. Lleno de energía le propuso montar el negocio, pero desconocía lo que iba a suceder.

En la calle Madison de Stormville, en un cuarto a propósito oscurecido; lleno de figuras extrañas que trataban de retratar el más allá, atendía a los angustiados clientes, que por falta de amor, o por alguna rara y terrible enfermedad buscaban en los espíritus la curación de sus males. Sorpresivamente saltaron sus ojos y se envolvió en un humo denso y mortal y una voz de ultratumba reclamó su alma: ¡eres mía! le gritaba, eres mi creación porque desde niña te di lo que deseabas, el poder de conocer el futuro por cualquier medio. Hoy se ha cumplido el tiempo, hoy es el día en que irás conmigo al infierno.

Se abrió una luz distante y maravillosa que al mismo tiempo se desvanecía y tomaba una coloración anaranjada. Un amarillo intenso que rompió en fuego. Gritos desgarradores movían el piso. Las losetas de piedra rechinaban por el dolor. El corazón palpitaba de desesperanza.

En un instante logró gritar: ¡no lo quise, yo no lo pedí! Fue el tiempo, fue la miseria, fue el desastre de la vida que me diste. Fue que no conocí el amor de una madre. Tu amor estaba lejos. Entonces, la luz volvió suavemente y cubrió su rostro, una voz muy dulce le preguntó sobre sus sueños, sobre el terror de no convertirlos en realidad. ¿Quién fue niña mía la que los olvidó? ¿Quien pasó su tiempo esperando una quimera? -Fui yo, madre, fui yo atinó a contestar entre el llanto que la inundaba, fui yo… Vuelve hija mía, vuelve al soplo de tu llanura, al río de agua clara y cascadas al aire, vuelve a soltar tu cabello al viento cantante de soledades y misterios, vuelve a soñar la aventura pura de un nuevo inicio.

Un respiro fuerte la regresó al mundo. Un golpe extraño en su corazón. Un temblor culminante sacudió su vida. Era el campo de la niñez, el campo de las carreras y manzanas. Era el tiempo en que el sueño era el sustento. La llanura, los árboles, el río con sus piedras golpeadas por el agua al caer, era su cascada cristalina y refrescante. Su danza pura expandiendo el campo. Era, era su nueva oportunidad…

Aquí el audio del post

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